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Meditaciones del 06-04-2017

DIOS RECOMPENSA LA GENEROSIDAD

“Hay quienes reparten, y les es añadido más;… el alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.” (Proverbios 11:24-25) PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 6:38-48

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Puede resultar incomprensible para muchos, que uno de los métodos de Dios para bendecir, prosperar y hasta enriquecer a un hombre, sea a través de la generosidad.

En un mundo que promueve la insensibilidad, el egoísmo y el atesorar, resulta casi imposible practicar este principio del dar. Para comprenderlo y sacarle el beneficio que Dios quiere, necesitamos comprender la lógica de Dios, que es diametralmente opuesta a la de los seres humanos. Recordemos que con la caída el hombre, quedamos a expensas de nuestro propio “bien y mal”, nuestro propio código de valores, nuestra propia “justicia”, la cual es entenebrecida y contaminada por un egoísmo sin límites. Sin embargo, cuando aceptamos la vida de Cristo en nuestro corazón, Dios nos da una nueva conciencia, limpia, sana, ajustada a sus parámetros. Es entonces cuando podemos comprender los pensamientos de Dios, tan nítidos, tan perfectos, tan puros.

Para ilustrar este principio, les resumo una de las más bellas historias que leí en un viejo libro de cuentos para niños: Un hombre agobiado por el hambre y por el dolor de ver a su esposa y a sus nueve hijos agonizando sin tener qué comer, decidió recurrir a su hermano rico, aunque había esperado hasta el último momento, temiendo sus reacciones explosivas e hirientes. No entendería que la sequía había afectado las cosechas y que estaba más pobre que nunca. Por fin, armado de valor llegó a su puerta y esperó las acostumbradas imprecaciones cuando expresara su petición. Así sucedió, pero en medio del disgusto, su hermano le entregó un trozo de pan duro.

Agradecido el hombre salió corriendo a su casa, pensando en la cara de su esposa y sus niños comiendo este pan que parecía delicioso a sus ojos. Sin embargo, por el camino apareció un viejecito, más pobre y miserable que él, que le pedía un poco de alimento. Conmovido y sin pensarlo dos veces, le entregó la mitad de su pan y prosiguió su camino, no sin antes recibir del anciano una larga bendición. Pero, cuál sería su sorpresa, cuando al llegar a su casa y partir en pequeños trozos el que le quedaba, encontró una reluciente piedra preciosa que al venderla le proporcionó el dinero necesario para sobrevivir hasta la llegada de las lluvias. Nunca más volvió a pasar necesidad. ¡Usted también puede provocar un milagro de prosperidad en su vida hoy!