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Meditaciones del 07-04-2017

COSECHANDO CON ALEGRÍA

Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” (Salmo 126:5-6) PASAJES COMPLEMENTARIOS: Salmo 126:1-6; Isaías 61:1-11

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Esta promesa me recuerda a una joven mujer que en una cama de un hospital pedía a Dios valor para enfrentar la pérdida de su hijo que no alcanzó a nacer. No pedía una explicación, porque su mente jamás lo comprendería. Pedía fortaleza y valor, y que Dios estuviera a su lado. Abrió la Biblia y allí estaba la respuesta que trajo consuelo y esperanza a su vida, sanidad y restauración de su pena, curación y medicina a su dolor.

Era la promesa de que sus lágrimas, no de rabia ni de amargura, sino de profunda necesidad, serían enjugadas por el Dios tierno y compasivo. El dolor sería cambiado en alegría, la escasez en fruto y las lágrimas en sonrisas. Dispuso el corazón para creer, se incorporó de su cama y decidió, a pesar de todo, ser feliz. ¡Había suficientes razones para serlo! ¿La conclusión de la historia? Dios cumplió. Al cabo de algunos años, sonreía rodeada no sólo de tres preciosos y saludables hijos, sino de innumerables hijos espirituales, que estaban dispuestos a seguir su ejemplo. Eran las preciosas gavillas que alegraban ahora su corazón.

Nuestra vida está llena de desafíos y metas, muchas de ellas difíciles de alcanzar. Pero Dios quiere que veamos su gloria, conduciéndonos a la victoria, mientras camina a nuestro lado sujetándonos de su mano, en medio de los obstáculos presentes en nuestra vida; obstáculos que muchas veces son necesarios y siempre útiles, en el proceso de ayudarnos a crecer, a madurar, a fortalecernos y a desarrollarnos con un carácter sólido, firme y victorioso.

No podemos entristecernos ni desalentarnos, ni mucho menos renunciar, cuando nos enfrentamos a la falta de excelentes resultados, ni tampoco cuando tengamos que atravesar la adversidad. Si sentimos que nos asalta el temor y la duda, la incapacidad y la debilidad para luchar, no espere cambios veloces y victorias rápidas. Más bien, clame a Dios por ayuda. Él no quitará el obstáculo todas las veces, pero siempre le dirá: “Déjate tomar de la mano y lo haremos juntos”… “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador” (Isaías 43:2-3)