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Editoriales del 07-04-2017

EL ROMPECABEZAS

Eres aficionado a los rompecabezas?

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Eres aficionado a los rompecabezas?

Si alguna vez has tratado de armar un rompecabezas complicado, sabes tres cosas sobre ellos:

Primero, toman tiempo. Muy pocas personas pueden armar varios cientos de piezas de un rompecabezas con rapidez. Casi todos los rompecabezas grandes toman varios días, aun semanas, para terminarlos. La diversión está en el proceso, la satisfacción en el resultado.

Segundo, el punto de partida de un rompecabezas es identificar las esquinas y los bordes, las piezas que tienen un lado recto.

Tercero, es divertido armar un rompecabezas solo, pero es más divertido armarlo con otros. Cuando se encuentra una pieza que «cabe justo» entre dos o más piezas, todos los participantes comparten la emoción.

Considera el día que tienes por delante como una pieza en el rompecabezas de tu vida. Es más, su forma es probable que sea muy dentada y sus colores muy difícil de identificar. El significado de hoy quizá no vaya en secuencia con el ayer. Lo que experimentas hoy tal vez encaje con algo que experimentaste hace varios meses o algo que experimentarás en el futuro. no es probable que veas el cuadro completo de tu vida observando un solo día. Aun así, puedes confiar que hay un plan y un propósito. Todas las piezas se van a unir según el designio de Dios y su timepo.

Algunos días, nosotros encontramos piezas de nuestras vidas con bordes rectos, verdades que se convierten en parte con bordes rectos, verdades que se convierten en parte de nuestra razón de ser. Otros días encontramos piezas que encajan juntas, así que entendemos más sobre nosotros mismos y la obra de Dios en nuestra vida. Y todos los días podemos conocer el gozo de compartir nuestra vida con otros e invitarlos a que sean parte del proceso de descubrir quién somos.

Lo principal que debemos recordar es disfrutar el proceso. Vive hoy hasta la plenitud, sabiendo que un día verás el cuadro en su totalidad.

Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. --Hebreos 12:2