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Meditaciones del 05-05-2017

HUMILDAD: CAMINO A LA EXALTACIÓN

“… Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5:6) PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 18:9-14

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El término “humillarse”, se define como: Rebajarse voluntariamente. Doblegar el orgullo. Bajar. Doblar. Abatir. Arrodillarse. Despojarse alguien de su estatus. Renunciar a su voluntad.

Estas frases representan condiciones que el hombre no quisiera vivir por ningún motivo. Todos los seres humanos buscan el éxito y el reconocimiento de otros. La gran mayoría dedica su vida y hace lo que sea necesario con tal de llegar a ser reconocido por los demás. Muchas veces, con tal de conseguir sus metas, terminan sacrificando lo verdaderamente importante como su familia o su salud. Obtienen triunfos parciales, que al final sólo les dejan una sensación de vacío y de fracaso.

Dios como padre quiere lo mejor para sus hijos y que estos progresen y vuelen muy alto. Él quiere que cada uno de sus hijos viva una vida de excelencia y refleje su gloria al mundo. Él mismo se compromete a bendecir al hombre y a prosperarlo de manera integral, pero también ha establecido el camino para que esto suceda: Que el hombre se humille ante Él.

Sólo aquel que aprende a depender de Dios, creyéndole, obedeciéndole en todo, rindiendo su voluntad a Él, viviendo para sus planes y propósitos divinos, experimentará la bendición integral, la cual abarca todos los aspectos de su vida. Nuestro máximo ejemplo de humillación ante Dios fue Jesucristo, quien se despojó por amor a nosotros de su condición divina, tomando forma de siervo y exponiéndose al vituperio y a la muerte. Pero la justicia de Dios no se haría esperar. También le exaltó hasta lo sumo, dándole un nombre que es sobre todo nombre, colocándolo por encima de todo lo creado, sentándolo a su diestra y exaltándolo: “… para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo e la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:10-11)

¿Delante de quién se humilla usted, del hombre o de Dios? ¿Cuál éxito busca, el que da el mundo o el que da Dios?